El título de este artículo es igual al libro de la estadounidense Mira Kirshenbaum, “todo pasa por algo”, que aunque suene un poco a libro de auto-ayuda; trata de cómo el universo cósmico tiene una respuesta a todos los sucesos de la vida, sean positivos o negativos. Si entendemos un poco de física elemental podemos decir que se aplica una de las leyes de Newton – a cada acción corresponde una reacción -. Digamos que cada cosa que se haga por más pequeña e “insignificante” que nos parezca iniciará un efecto dominó como respuesta. Y cómo estamos a puertas de acabar el año, revivamos una historia de deporte y de pasión que va más allá de los colores o de un simple terreno de juego.

El escenario de esta obra es en Inglaterra dónde, a través de increíbles sucesos, los hinchas de fútbol y sobretodo del Leicester pudieron vivir una de las fábulas futbolísticas más increíbles y delirantes de los últimos 50 años. Y para ser una “leyenda”, un “cuento” se necesita la narrativa de las dificultades previas, fuertes de superar; se necesitan de personajes esteriotipados como el bueno (Claudio Ranieri), el malo (Wesley Morgan), el guerrero (Jamie Vardy), el bondadoso (N’ Golo Kante), el jefe (Ryyad Mahrez), el inteligente (Danny Drinkwater), y los “soldados” que estuvieron en todo el arco de la aventura.

Hay que hacer un paréntesis y ver como llegó Ranieri a la ciudad de Leicester; para ello regresemos al noviembre de 2014 donde el italiano ya es desde hace 4 meses el entrenador de la selección de fútbol de Grecia, el país aún tiene recuerdos de la gloriosa victoria de helénica en la Eurocopa 2004. Los últimos. La tarea de Claudio: reconstruir un equipo con una federación ausente y una generación de deportista menos talentosa que la precedente. Los resultados que había obtenido antes con Chelsea, Valencia, Juventus, Parma y Roma eran buenos, no óptimos, lo que le había dado la etiqueta de entrenador afable pero “perdedor”.

Y lo que mal empieza mal acaba; la Grecia es derrotada por las modestas Islas Faroe, y lo peor del caso en su propio hogar, y a Ranieri le rescinden el contrato. El presidente de la federación llega a decir de él – la decisión más infeliz de la historia-. El italiano con el pasar del tiempo entenderá que lo que no mata hace más fuerte.

Nota: Increíble la portada del día después en Grecia -¿¡pero que carajo en habla hispana, en inglés what the fuck!?; sus traducciones -.

Nos adelantamos de un año y de una región europea a otra, más precisamente al 17 de junio de 2015. La propiedad del Leicester, después de unas investigaciones decide expulsar del equipo a Tom Hopper, Adam Smith and James Pearson; el motivo un vídeo “hard” con frases racistas que fue filmado durante una tournée en Tailandia. Para esta historia: James Pearson es el ¡hijo del entrenador! Nigel Pearson, que con 7 victorias en las últimas 9 fechas logró una increíble permanencia en la Premier League. Como era de esperarse el entrenador también fue despedido. Y los propietarios del equipo comenzaron a buscar un nuevo manager para los “Foxes”.

Un mes después, el 13 de julio, el italiano Claudio Ranieri es anunciado como el nuevo entrenador del equipo de la ciudad de Leicester. No fue recibido con tonos cordiales, mas bien toda la hinchada era escéptica, no ayudó la foto con la que presentado, estaba sentado y un joven propietario de pie; fue la calma antes de la tempestad, en este caso una muy buena. La apuesta fue tanta que para las casas de juego se pagaba una cuota de 5000:1, para darnos una idea era más fácil que Bono (cantante de los U2) se convierta en el nuevo Papa.

El resto de la historia la conocemos. Donde se dieron los 11 partidos consecutivos de Vardy en gol, igualando a van Nistelrooy. La jugadas de película de ciencia ficción de Mahrez. El fenómeno mediático del Leicester. Diliding-dilidong. Jamie Vardy is actually having a party. Una página de facebook en Italia promocionó un festejo en caso de victoria cruzando el continente. Andrea Bocelli. Gary Lineker en calzoncillos en la BBC. Claudio Ranieri que alza el título en el cielo de Leicester. No en Turín. No en Roma. Non en Milán. A Leicester, escribiendo una página del deporte destinada a ser estudiadas por los fuertes y los débiles para que la frágil memoria de la historia no se olvide de ellos.

La idea de fútbol que hizo posible esto es sencilla porque no olvida el precepto original del juego, repito del JUEGO, donde lo más importante es divertirse sin olvidar lo primordial del fútbol: la victoria. Ranieri no es un entrenador-filosofo como Guardiola, Bielsa, Sampaoli, etc. que hacen de sus ideas y complejos sistemas tácticos de ver el fútbol sus puntos de fuerza. Para el entrenador italiano, el D.T. debe crear con una mano integra, suave pero fuerte, una estructura ligera donde el jugador pueda sentirse libre de expresarse, un precepto psicológico que saca lo mejor de cada personaje.

La historia del Leicester es una idea de un mundo idealista, donde en el universo el bueno es siempre el ganador. Donde el dinero no gana sobre el esfuerzo, el defender bien, dar todo por el compañero; una receta simple y antigua de los mundos olvidados; no tan sencilla de llevar a la práctica porque todos deben dejar de lado los preceptos del ego y del autoestrellato para ayudar a “La Causa”.

El tiempo transforma la historia en mito, el mito en leyenda; y esta historia que es excepción en este fútbol moderno, dominado por inversiones desmedidas, potencias económicas; no representa un problema para los poderes en el poder (valga la redundancia). Al contrario, el Leicester sirvió para hacernos entender que la magia intrínseca del mundo esta siempre presente a pesar de que ciertos elementos tratan de ocultarla. Viva Leicester.

Fotos: GettyImages