¡HABLEMOS DE TÁCTICA! El Manchester United de Mourinho y Valencia

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Analicemos como esta jugando el Manchester United de Mourinho y de nuestro compatriota Antonio Valencia. ¿Revoluciones tácticas o el portugués simplificó su juego?


El número tres, según el arte de la numerologia es el número perfecto. Simboliza la perfección de lo acabado, la Trinidad, tres elementos son necesarios para crear una base, y espirituales creen que es un número celeste. Bien, la historia de la parte roja de la ciudad de Manchester está en su tercera etapa de transformación de identidad futbolera.

De fases de consolidación ya tiene a dos: la primera, en la época del entrenador Matt Busby y de los “Busby Babes”, tuvo una etapa de 1945 a 1969 y la otra en 1970-1971. La segunda se da después de 17 años de total regularidad, y muchas derrotas; en 1986 aparece el tan recordado Sir Alex Ferguson: técnico milenario.

Para la tercera fase de fortificación, la sociedad decidió cortar los tiempos: las dos temporadas deprimentes con David Moyes y Louis van Gaal empujaron a los Glazer a un entrenador que de resultados inmediatos: Mourinho. El portugués tiene un método de entrenamiento peculiar y exitoso, además del “estilo”, diferente a lo que representa el United -en palabras de Bobby Charlton y Éric Cantona-. Estas características transforman a un grupo en competitivo y ganador en poco tiempo. Capaz de resistir a cualquier presión mediática.

Para lograr una plantilla solida y arrolladora se necesitan de muchos “materiales” diferentes, y una de las principales es la constancia. Mourinho es el clásico entrenador que puede durar máximo tres años al mando de un equipo, por como entrena, por su método; es muy “concentracional” y desgastador a nivel mental. Esta etapa, para el lusitano representa una de sus más grandes luchas: se encuentra en el templo de la estabilidad, donde el 83% de los trofeos ganados por el equipo se deben a dos directores de orquestra, ¡en casi 140 años de historia!

Además, no solo representa una adaptación a una filosofía futbolística, también es un reto personal porque solo cuatro entrenadores han logrado ganar con dos o más equipos el campeonato inglés. Mourinho debe saber demostrar su fórmula para la victoria.

Táctica

Ahora, ¿qué pasa cuando descubres que tu método ya no funciona? En la primera parte de la temporada, Mourinho comenzó con un 1-4-2-3-1. Imitando al D.T. Deschamps, colocó a Paul Pogba en la mitad inferior del medio-campo, en el doble pivote. Las consecuencias: la reducción del aporte ofensivo del francés y creando espacios “atacables” por los rivales en la propia mitad de cancha. Compañero en ese módulo, el belga Fellaini: el director técnico de Bélgica, Wilmots, entendió que el mediocampista es una adversidad para los compañeros, con él siempre se crean espacios a sus espaldas, no tiene el equilibrio táctico adecuado y no tiene la capacidad de dictar los tiempos del compás de juego. Rooney era el mediapunta, formando un triangulo en la mitad de la cancha desequilibrado, y con Ibrahimović de terminal ofensivo, todo el juego era muy estático.

Los tres primeros partidos, acabaron con tres victorias, ilusionaron a todos con la facilidad del cambio. La derrota en el clásico de Manchester contra Guardiola sacó todos los problemas de movilidad del equipo. Desde ese momento comenzó un periodo difícil para Mourinho, se agudizaron aún más estas falencias con la derrota contra Watford: tenía que emprender otra ruta. El equipo directo, intenso y sobretodo físico que Mou había imaginado no estaba funcionando: muy desolada la zona central, poca movilidad en la zona de creación y finalización, dificultad en las transiciones por la falta de creatividad. Aún así la capacidad de dominar el juego aéreo y de sobrepasar las lineas hacía que el United sea una escuadra adapta para la Premier League: pero no para permanecer en la cima de la tabla.

Que no inicie Pogba: aquí el jugador se baja hasta la zona de iniciación y en vez de jugar corto con Carrick, que le indica el pase al pie, el francés se da la vuelta y busca el pase largo hacia la izquierda. Pase muy avisado, el adversario toma posesión del balón y puede comenzar una transición ofensiva (6 contra 5).

Mourinho, entonces, decidió reducir la velocidad de juego, a cambio de aumentar la intensidad: reflexionar que faltaba al equipo, ingresar al terreno de juego jugadores inteligentes y menos instintivos. La titularidad de Rooney comenzó a vacilar: con la entrada de Herrera en el doble pivote, permitió a Pogba de jugar más adelantado.

Ander Herrera es el clásico recuperador, hace el trabajo sucio, uno como Busquets por así decirlo (aunque Herrera es más técnico). El basco permite al sistema de juego ser más fluido y armónico, con movimientos tácticos adecuados, presión, basculaciones rápidas, cierre de lineas. Herrera no roba las miradas, pero sus datos son muy claros: es el tercer mejor centrocampista della Premier por interceptaciones (3,95 en 90 minutos), una porcentual de pases del 88% de eficacia. Esto permitió a Fellaini y Pogba de avanzar en la cancha; pero sobretodo de recuperar balones más cerca del área rival y defender mejor en la zona central. Herrera es el “normalizador” del mediocampo rojo: baja a suportar la maniobra y a defender, aumenta la rapidez del juego, libera a Pogba de las tareas defensivas y, cubre la falta de dinamismo de Fellaini y Carrick.

El triangulo en la mitad de la cancha que no obtuvo resultados: muy alejados de la defensa, Fellaini inútil en la mitad y Pogba muy apegado a Herrera.

El partido decisivo, el originador del cambio en Mourinho fue el del empate en Liverpool con su equipo encerrado en la mitad de la cancha, en un 1-6-3-1 que procuraba sobretodo no encajar goles; y la derrota por 4-0 a cero contra su ex equipo: el Chelsea de Antonio Conte. Los “Red Devils” eran claramente disfuncionales, se movían solitariamente y en direcciones opuestas. Para reencontrar la velocidad, Mourinho decidió disminuirla y dar las llaves del juego a Michael Carrick (36 años en Julio), voces narran que esto es una sugerencia de Sir Alex.

Rio Ferdinand y Xabi Alonso son estimadores del centrocampista inglés, sus palabras resumen la utilidad y la inteligencia del director de juego del United, aún así tuvo no poco inconvenientes en su país. Muy cerebral para un fútbol de alta intensidad (palabras de Ferdinand), resalta poco pero es un jugador que da equilibrio tanto en ataque como en defensa, sobretodo en un campeonato que muchas veces altera los equilibrios tácticos.

Datos a la mano podemos entender cuanto, solamente, un jugador pueda cambiar la inteligencia colectiva de un equipo, basta con observar la cantidad de centros hacia el área en los partidos que Carrick ha jugado los 90′: 18, contra los 29 de los otros partidos (casi un 40% menos). Entendemos que el balón es mejor tratado, y se evitan pases imprecisos al área.

Esto permitió el cambio de módulo, 1-4-3-3, con cada jugador en su ubicación más adecuada. Con los centrales que tienen poca afinidad con el esférico -Jones y Smalling con los peores desde este punto de vista-, el inicio de la maniobra pasa directamente por el pivote central. Los resultados desde que Michael ingresó al equipo regularmente, el Manchester desde el inicio de Noviembre recogió 13 victorias, 5 empates y una derrota.

En este video toda la importancia de Carrick, en una acción duradera contra el Sunderland, se evidencian todas las fases de juego, además de sacar todas las mejores cualidades de sus compañeros. El inglés, baja para empezar la acción de juego y entrega el balón a Mata desde atrás de la línea de mediocampista, resaltando la jugada con una “sombrero”; mientras tanto Herrera se acerca para tener una opción más. Los “diablos rojos” no logran desarrollar bien la jugada y, Lingard pierde el balón casi en el área adversaria: Herrera se abalanza sobre el esférico para una rápida recuperación. En este punto Carrick, Pogba, Herrera y Lingard se acomodan formando un rondo posicional, con Ndong en la mitad. El juego de posición retrocede y Carrick realiza un pase entre lineas para Lindgard; Pogba recibe y posteriormente se abre la jugada para terminar en un centro y en el rebote, Carrick termina con un remate desde fuera del área para evitar posibles contragolpes o una transición adversaria.

Con Carrick, Mourinho renuncia concienzudamente al juego físico y dinámico para aumentar el equilibrio del equipo y de dos fases de juego. El conjunto es un mix de juego de posiciones y el clásico kick and rush inglés: la escuadra se encuentra en un limbo y busca una síntesis definitiva, una filosofía absoluta. Los “Red Devils” están sobre el Chelsea en pases de balón cortos y por posesión de balón; Conte al contrario logró una equipo intenso y vertical, adaptado para la Premier.

Una de las mayores dificultades de United son la falta de creatividad en los mediapuntas y el carente espíritu de iniciativa: los datos hablan claro, solo 10.5 regates en 90′, media que los coloca entre los peores del campeonato. Para el fútbol posicional, el dribbling es fundamental para generar ventajas numéricas sobre el rival: en el conjunto hay pocos jugadores con esta cualidad. Pogba, Martial, Valencia y Mkhitaryan.

Pasemos a los 2 jugadores, entre tantos, que más resaltan: Ibra y Pogba. Podía haber sido una guerra de ego entre ambos, pero terminó siendo pasión futbolera. Ningún dúo ha creado tantas ocasiones de gol en Premier League, y ningún equipo es tan dependiente de sus dos estrellas. El Liverpool demostró esta teoría, en el partido que los vio cara a cara redujo los balones jugables entre ambos y disminuyó, así, la peligrosidad del United.

A veces el United es demasiado pasivo: en esta acción, nadie sale a quitar el balón al portador, Pogba camina y no va a redoblar la marca sobre Oxlade-Chamberlein. Cuando el equipo se defiende muy abajo no sabe como salir de su propio terreno de juego, a parte del pase largo o directo a dividir el balón.

No todo es color de rosas, los problemas del equipo muchas veces son debido al estancamiento -falta de movimiento- de su ataque, al cambiar de transición (momento de juego), los jugadores que van al ataque son 2 (Pogba y Valencia) y en algunos casos Mkhitaryan. Por este motivo el United no logra ser verdaderamente directo e intenso como quisiera: Ibra desde el periodo francés en el PSG se volvió un jugador más asociativo, casi como Mata. Motivo por el cual, el Rooney mediapunta visto en estas últimas temporadas no puede jugar porque retrasa mucho más la acción de ataque; se queda como una arma para partidos en curso donde el resultado deba cambiar, esto por su gran capacidad goleadora.

A los rojos serviría una segunda punta que pueda ser espalda de Ibra: un jugador que ataque la profundidad y pueda ganar superioridad numérica mediante el regate. Martial por la izquierda no convence y la presencia de Mkhitaryan y Mata crea un embudo en la mitad de la cancha. Faltan goles.

Este el modelo de juego que Mourinho quiere ver siempre en sus equipo: directo, veloz y con tres pases se llega al arco, para poner a Ibra en condiciones de anotar.

El entrenador portugués no tiene una planificación establecida para construir una nueva era en el United, todavía está en un estilo de juego mutable, tanto por la elección del modelo de juego y de los titulares del equipo; después que Klopp aplicó una marca personal a Carrick por parte de Lallana, Mourinho regresó con Fellaini como mediapunta y Herrera de pivote: resultados en tendente decadencia. Tanto así que volvió a jugar Schweinsteiger (solo jugó 16 minutos en esta temporada, no era titular hace un año) y se cambió el sistema de juego a un 1-4-2-3-1, a empezar de nuevo.

El tiempo nos ha enseñado que una de las claves para ganar en Old Trafford es el trabajo lento y meticuloso, sin frenesí: sembrar, esperar y cosechar. No es una receta única, pero la historia roja de Manchester trasmitió estos valores a su equipo, todo con el objetivo principal de ganar. Para esto Mourinho se deberá adaptar, ser menos agresivo, ver más allá del presente, y sobretodo que piense (de verdad) a posteriori. A Mourinho le espera la segunda temporada, y por su historia sabemos que hace bien-véase Inter, Chelsea, Real Madrid-.

Un refrán que llegó hasta nuestros tiempos dicta: “la paciencia es la virtud de los fuertes”.